Memorias del último califa de Bagdad en El Cultural

Memorias del último califa de Bagdad

León Rodríguez Zahar

Vaso Roto. Madrid, 2018. 224 páginas

ELENA COSTA | 13/04/2018 | 


Carlos Rodríguez Zahar

Decía Ernesto Sábato que la literatura no es un pasatiempo ni una evasión sino una forma, “quizá la más completa y profunda, de examinar la condición humana”, y mucho de eso, de examen y reflexión, pero también de entretenimiento y diversión hay en estas Memorias del último califa de Bagdad o las veintiséis y una noches, del diplomático e historiador mexicano León Rodríguez Zahar (Ciudad de México, 1962). Profundo conocedor de la cultura de Oriente Próximo, Zahar despliega con soltura y talento una trama apasionante: un informático estadounidense, Frank Joseph M., un “geek” cuarentón sin demasiadas expectativas, es contratado por una empresa privada para trabajar para el ejército en el Irak invadido de 2003.

Instalado en el complejo palaciego de Saddam Hussein, en un Bagdad de pesadilla con algo de Disneylandia y mucho de infierno, el descubrimiento de un extraño manuscrito mientras hacía una hoguera para calentarse transtornará sus días y sus noches. Un misterioso intérprete iraquí, suerte de Sancho Panza y Sherezade al tiempo, le irá desvelando, al acabar cada jornada, los secretos del documento, que arranca con la destrucción del califato de Bagdad en 1258 por Hulagu, nieto de Gengis Khan, y recorre, entre encantamientos y maldiciones, las desventuras de los Abasidas, descendientes de Mahoma, hasta nuestros días.

Porque, como deja entrever Rodríguez Zahar, nada ha cambiado desde el siglo XIII, quizá sólo la voracidad de los nuevos conquistadores, tan ciegos a la magia del lugar como sus antecesores. A fin de cuentas, escribe, “lo que los Abasidas reunieron en cinco siglos, Hulagu el mongol lo saqueó en cinco días y lo que Saddam robó en tres décadas, Bush se lo llevó en un día”. Dejó, eso sí, espejismos, promesas de riquezas infinitas y una historia que el lector desearía que no terminase aún.